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viernes, 17 de octubre de 2008

entrevistas para especial del 11


Sé que esto que viene anda medio tarde, pero qué le puedo hacer, si he estado muy concentrado en mi cambio de pega. La cosa es que en septiembre hice dos entrevistas para un especial sobre el 11 de la Revista Ercilla, el que no está en internet, por lo que decidí publicarlas acá.

En orden de tiempo, la primera fue realizada a Carlos Montes y acá la reproduzco. La otra fue al dirigente del PC, Jorge Insunza, y la tiraré la próxima semana, que son bien larguitas.


Diputado Carlos Montes:
“Nunca pensamos que el Golpe sería así de violento”

“Creímos que Chile era un país diferente”, recuerda el actual diputado socialista por La Florida, a propósito de los 35 años del 11 de septiembre de 1973, quien se refiere a sus vivencias de ese histórico día en el que sintió que se produjo “un quiebre total”.
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Al 11 de septiembre de 1973 Carlos Montes era un joven dirigente del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) de 27 años, que apoyaba decididamente el gobierno de la Unidad Popular (UP) del Presidente Salvador Allende. Después de esa fecha, su vida cambió drásticamente, conociendo la clandestinidad, la tortura (fue detenido por la CNI en 1980 y recluido en el cuartel Barros Borgoño) y el exilio en México (1981 – 1985).

Si bien hoy –35 años después– sus preocupaciones como diputado están ligadas a lo que resulte de la discusión de la Ley General de Educación, sus deberes para con La Florida –distrito por el cual desde ya anuncia que volverá a postular– y sus responsabilidades en el Partido Socialista (PS), Montes conversó con Ercilla para rememorar las vivencias personales producidas por el Golpe de Estado, las que representan a muchos quienes se quedaron haciendo oposición en Chile durante la década de los ’70, el periodo más duro de la represión.

¿Desde cuándo se veía con certeza que habría un Golpe de Estado en Chile?

Lo esperábamos desde un mes antes de que sucediera, pero con mucha claridad sentimos que venía unos 10 días antes, pues se veía como muy difícil de contener. Lo esperábamos y decíamos viene, viene, pero la verdad es que fue una tremenda sorpresa cuando llegó. El 11 mismo, despertamos con el Golpe. Me llamó mi señora y acordamos qué hacer. Algunas cosas las teníamos pensadas, pero muchas otras no. Todo lo cotidiano se volvió inverosímilmente difícil. Por ejemplo, yo vivía en el paradero 19 de Vicuña Mackenna, en La Florida, y de repente me di cuenta de que no tenía pan para desayunar y no podía salir a comprarlo, porque no se me ocurrió abastecerme antes.
¿Cuáles fueron sus actividades de ese martes 11 de septiembre?

En la mañana sólo había consternación, por lo que lo único que hice fue llamar y recibir llamadas por teléfono, y escuchar la radio, para saber qué hacer. Al final los dirigentes del MAPU nos juntamos en la Dirección del partido y luego nos trasladamos a COTESA, una industria de La Florida, que formaba parte marginal del cordón industrial, para almorzar y ponernos de acuerdo. Después, había que buscar dónde dormir. Esa noche con unos pocos nos fuimos a la casa de mis padres a conversar sobre lo que venía, que ya a esa alturas nos dimos cuenta que era básicamente sobrevivir. Esa misma noche nos denunciaron y tuvimos que escapar de ahí para evitar la detención.

Algo teníamos preparado, pero todo era más difícil de lo pensado y cometimos muchos errores. Por ejemplo, esa noche me fui a un departamento en las Torres San Borja, pero de ahí no me podía mover, no podía salir, porque había toque de queda y esa zona estaba atestada de militares. Fue algo muy absurdo que da cuenta del bajo nivel de preparación que teníamos para un evento como éste.
¿Qué sintió ese día?

Un tremendo desgarro y mucha incertidumbre. No podíamos sopesar lo que estábamos viviendo, ni comprender la magnitud de lo que sucedía. La información era parcial y terrible, porque era de persona a persona, pues no había medios de comunicación en los que confiar. Nos enterábamos de que a tal lo habían detenido, que a otro lo habían matado, sin seguridad de nada.

¿Cuándo fue el momento en que se dio cuenta de que la represión venía con esos altos grados de violencia?

Desde el primer momento, cuando muere Salvador Allende y bombardean La Moneda. Ahí, en lo personal, me vine al suelo. Después la sensación de desgarro se confirmó en los primeros días de toque de queda, cuando comienza a vivirse los campos de concentración, las detenciones, los allanamientos, las muertes y la brutalidad en general.
Nunca pensamos que el Golpe sería así de violento, porque creíamos que Chile era un país diferente.
Pero había antecedentes de que esto podía pasar. En el pasado ocurrió la Matanza de Santa María de Iquique y en esa época ya había golpes de Estado muy cruentos en el Cono Sur ¿Los consideraron en las vísperas del 11?

Todo lo sabíamos. Sabíamos de la Doctrina de Seguridad Interior, de la Escuela de Las Américas, etcétera, pero creíamos que Chile era distinto. Tomábamos esos antecedentes pero no los internalizábamos. Esa era parte de la ingenuidad con que vivimos el periodo anterior al Golpe. En la izquierda nadie se imaginaba algo así, desde el Presidente Allende hacia abajo. Algunos lo tenían más claro, pero no fue la generalidad. Yo tomé parte de muchas conversaciones en círculos de dirigentes políticos, y no había un clima previo que pudiera advertir de la naturaleza de lo que venía. Sabíamos que podía venir el Golpe, pero no que seríamos arrastrados por la ola de violencia política que ya se veía en Uruguay o Brasil, por ejemplo. No calculamos que en el caso de Chile sería incluso más brutal, porque el proceso estaba más avanzado. No lo podíamos ver.
VIVIR EN DICTADURA
¿Qué tipo de decisiones tomó después del Golpe?

Todas las necesarias para sobrevivir. Unos 10 días después del 11, comenzamos a pensar cómo reconstruir los vínculos, la capacidad de organización y medios de comunicación precarios. El leimotiv era la permanente reconstrucción y la prioridad saber qué pasaba, por lo que formamos equipos de comunicaciones para evitar detenciones, conocerlas a tiempo cuando sucedían, enviar gente fuera del país cuando su seguridad era demasiado precaria, etcétera. En dictadura, yo –por ejemplo– viví en más de 150 casas distintas.

Además teníamos que pensar cómo íbamos a sobrevivir económicamente. Teníamos una reserva para cualquier eventualidad, pero se agotó muy rápido. Sobreviví de las más diversas maneras, por ejemplo reparé zapatos e hice contabilidad en negocios de gente de confianza. Mi primer trabajo estable fue el de administrador del restaurante El Naturista a fines de la década de 1970, en el que estuve hasta mi detención en 1980, por lo que mi nivel de vida también era precario. Había aportes desde fuera también pero, sumando eso con los trabajos ocasionales que se podían hacer en la clandestinidad, mi ingreso era de 100 dólares de entonces.

¿Qué cosas no se hicieron y que pudieron haber mitigado la represión?

Si no se ha vivido algo así es muy difícil preparar algo, porque no se podía prever ni en lo humano ni en lo político, ni en lo social una situación así de extrema. Hubo gente que se preparó militarmente, aprendió a manejar un arma, pero eso no se vio ni se sintió, salvo casos muy aislados.

Ni siquiera el repliegue, asilarse en embajadas o esconderse, era algo que haya tenido procedimientos muy pensados. Ahora, no sé si eso hubiese sido lo más apropiado. La gente del Partido Comunista, que era la más preparada, no se replegó, y sobrellevó mejor los primeros días, porque mantuvieron sus redes pudiendo conocer en mejor grado lo que pasaba para ayudarse, moverse y evitar detenciones.
¿Por qué se quedó en Chile durante el periodo más duro de la represión?

Yo estuve en el país hasta 1981, y partí al exilio a México sólo luego de mi detención, porque ya no era posible seguir acá. Pero antes de esa experiencia, tenía la convicción de que mi deber era estar en Chile y participar de la resistencia, que en ningún caso se pensó en ese tiempo que podía ser armada. Se trataba de acabar con la dictadura a través de la generación de una marea democrática y civil. Era muy difícil esa tarea, porque eran más los retrocesos que los avances, pero aún así logramos reconstruir redes a nivel del país y organizar grupos con alguna capacidad de oposición.

También era importante reflexionar sobre las causas de nuestra derrota y analizar los errores cometidos. Así pudimos llegar –por ejemplo– a la conclusión de que era inapropiado imponer un gran cambio sin suficiente fuerza social, cultural y política, incluso antes de que la Renovación Socialista adhiriera a esa tesis. Leímos y escribimos bastante en ese tiempo, pero lamentablemente no sé el paradero de esos documentos, porque era muy riesgoso tenerlos, por lo que debieron ser destruidos por nosotros mismos para evitar que cayeran en manos primero de la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia) y después de la CNI (Central Nacional de Informaciones). Por ejemplo, muchos de nosotros narramos nuestras historias de vida, abordando quiénes nos influyeron y las experiencias sobre la dictadura y la UP para compartirlas y reflexionar, pero ya no están los escritos. Tuvimos que botarlos.
¿Cómo se convivía con el miedo?

Fue de un gran desgaste y siento que es imposible de transmitir la sensación a quien no ha vivido algo parecido. Por ejemplo, una noche trabajábamos en la casa de un amigo, y de pronto sentimos que allanaban. Nos escondimos toda la noche sin saber si era en donde estábamos o la casa del lado. La sensación en ese silencio e incertidumbre me es muy difícil de explicar. Al final no nos buscaban a nosotros, pero pasamos una noche sin dormir con la expectativa de terminar muertos. El pánico de esa situación creo que es intransmisible.

¿De dónde se sacaba la fuerza para persistir y no renunciar?

En parte me quedé en Chile porque sentí que era mi deber ético por mucha gente que murió, como Patricio Vergara y muchos otros. No era llegar y decir “yo me voy”. Claro, cuando estaba detenido o en el exilio me cuestionaba el haberlo hecho, por los riesgos que había tomado, pero en definitiva fue una opción que respeté siempre y no me arrepiento, aunque ahora veo que también había una relativa inconciencia. En eso influyó mucho mi formación de izquierda y cristiana, con su sentido de responsabilidad y de misión, y la opción de pareja que tomamos con mi mujer (Gloria Cruz).

De todos modos no siempre todo era negro. Se obtenía también satisfacción de en la dinámica que generábamos para infundirnos energía para sobrevivir, y mantener estructuras mínimas de organización y ciertos valores. De este modo alcanzar pequeños objetivos era satisfactorio, aunque siempre eran precarios, como que resultara una reunión a la que todos pudieran llegar.
Construimos una cultura de sobrevivencia muy fuerte, en la que las alegrías estaban en los logros más primarios. Por ejemplo, cuando estaba detenido por la CNI en el Cuartel de Barros Borgoño, encontraba gratificaciones en las noches en que me quedaban más sueltas las esposas o si me tocaba el pedazo de carne que había en la sopa que nos daban. Para mi el gran fetiche de esa época era lograr una conversación en la calle, porque tenía muy pocas, pues estaba clandestino y no usaba mi nombre, sino chapas como “Patricio” o “Mauro”.

EL 11 DE SEPTIEMBRE HOY
¿Qué significados tiene el 11 de septiembre de 1973?

Fue un corte en la vida más íntima, en lo cotidiano, en lo político. Un quiebre total, en realidad. También se acabó un ciclo en la historia de este país. Por eso se sigue conmemorado a través de distintos actos en los que se aprovecha de recordar a quienes cayeron. Es una fecha de reflexión y de sentimiento, en la que en lo personal busco generar instancias para ello, en la Cámara o en La Florida. Por eso ahora me molesta mucho cuando transforman la fecha en una ocasión para el vandalismo.

Es también un hito que dejó una huella muy a fondo en toda una generación.

Para las elecciones municipales de diciembre van a poder votar por primera vez electores que no nacieron ni en dictadura ni en la época anterior ¿Cómo ve el tema de la memoria respecto del 11 se septiembre en las nuevas generaciones?

El 11 de septiembre es parte del proceso de aprendizaje de nuestro pueblo. Sin duda quienes lo vivimos lo vamos a ver de manera distinta que quienes no lo vivieron, pero ellos comprenderán que esto forma parte de su historia. Depende de nosotros el lograr transmitir nuestras reflexiones, sin amargura, pero sí con la intención de que se convierta en aprendizaje.
Me gustaría que el 11 sea visto como el quiebre de la democracia en el que los chilenos no fuimos capaces de entendernos y mediante el que se llegó a una situación en la que no podíamos convivir. De eso se desprende una serie de lecciones que permiten evitar que esto se repita. Desde ser muy claros para rechazar la brutalidad alcanzada en esos años, hasta la inconveniencia de hacer grandes cambios sin grandes movimientos mayoritarios.

Entiendo que haya mayor distancia emocional en otras personas, pero me preocupa la indiferencia, no sólo con quienes son muy jóvenes. Por ejemplo, en una misión de la Cámara de Diputados en la que viajamos a Autzwitz, uno de quienes iban en el grupo se puso a echar tallas en una de las celdas del campo de concentración. Me indigné y tuve que salir para contenerme. Esa indignación en parte era por comprobar la indolencia de algunos frente al tema y por otra porque me afectaba en lo personal, porque esa celda era idéntica a la que a mi me tocó mientras estuve detenido, pues responden ambas celdas a un modelo pensado para la tortura y la degradación humana. O sea, siento que en la UDI –por ejemplo– no hay ninguna conciencia de que el bloque político en el que participaron propició atrocidades como las del mismo Autzwitz. No se les ha escuchado ni una palabra de arrepentimiento. Nunca. Eso es grave.

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“Machuca”, el cura Wheallan y Juan Maino

A penas estuvo en cartelera “Machuca”, la última película de Andrés Word, Carlos Montes compró las entradas para verla. El apuro era porque había algo especial en ese filme que retrató en general los anhelos de la generación que vivió la UP, y en particular, las vivencias de la comunidad de estudiantes y ex estudiantes del colegio Saint George.

Montes estudió ahí, y aunque ya estaba fuera del colegio para el Golpe –por lo que no conoció directamente la experiencia de traer niños pobres a las aulas de uno de los mejores colegios de Santiago– reconoce el espíritu que quiso transmitir el rector del Saint George, el padre norteamericano Gerardo Wheallan.

Dos recuerdos se le vinieron a la memoria a propósito del filme. El primero, la inocencia de su propio hijo, muy niño en 1973, quien asoció con pescaditos las bombas que vio caer sobre las antenas de Radio Corporación. Y el segundo, la pérdida de un compañero de colegio, correligionario y amigo cercano, Juan Maino, quien fue secuestrado en 1976, y torturado, asesinado, y su cuerpo quemado y tirado al río en Colonia Dignidad.
A propósito de “Machuca” ¿qué reflexiones le surgen acerca de la formación que recibió cuando joven?

La experiencia que retrata la película fue producto del natural desarrollo del proyecto educativo del padre Wheallan, a quien recordé con mucho afecto.

También esa integración forzada que impuso el rector del colegio es reflejo de lo que se quería hacer con el país, buscando alcanzar objetivos a un paso más rápido del que se podía seguir. Pero, esa experiencia también muestra la necesidad de hacer transformaciones, porque caminábamos hacia ser una sociedad más integrada y justa.

Una de las consecuencias del Golpe fue acabar con ese proceso histórico, y eso se ve en la formación que muchos reciben en colegios católicos de elite, ligados al Opus Dei o los Legionarios de Cristo que propugnan segregar aún más la sociedad, generando jóvenes que viven en un submundo que no tiene nada que ver con Chile, del que se dan cuenta después participando en proyectos como “Un techo para Chile”.

Eso también pasa de una manera similar, menos exagerada seguramente, en el contexto general del sistema educativo que tenemos hoy, y que es producto del Golpe, la dictadura, pero también de los errores de la Concertación que –pese lo mucho que ha hecho en educación– no ha logrado realizar cambios indispensables para fortalecer una educación pública integradora.
¿Cómo lo ayudo la formación que recibió en el Saint George en los momentos más difíciles?
Recién hablé del sentido de misión que me transmitió mi formación cristiana, pero tengo la impresión que su ayuda fue un poco más concreta. Cuando estuve detenido, la congregación Holly Cross –a la que pertenece el colegio– era parte del Consejo de Seguridad de Estados Unidos ese año de 1981, por lo que tengo la sospecha que a ese nivel se trató mi caso, por lo que bien podría ser que gracias a las gestiones de Wheallan este vivo hoy.


jueves, 2 de octubre de 2008

Episcolario: silencio

Estimado:

No sé si te encuentras aún en Hawaii, o volviste al rudo continente, pero espero hayas pasado de lujo. No sé si esperar que las piñas coladas y las centelleantes caderas polinésicas hayan torcido tu destino, que a nuestra edad eso suena a despropósito, aunque en el fondo aquello siempre será un parabien indistinto a cualquier edad o condición.

Yo debiera contar bastantes cosas, pero ando tentado de mudez, y sólo para evitar la fuga de mis cada vez más exiguos lectores, te escribo ahora con el fin de noticiarte que me cambié de pega. Es una mejor pagada, pero más insegura, y con libertad horaria. La verdad me ha exigido tiempo y dedicación, pero hay algo fresco que me hace sentir más dueño de mi.

Cierro transmisiones, porque es tarde y mañana debo estar a primera hora fresco como lechuga. Ya retomaremos el diálogo.

Abrazos

lunes, 15 de septiembre de 2008

Episcolario: Honolulu

Estimado:

Llegué de Honolulu la semana pasada y como no estoy muy inspirado,
sólo te digo que los clichés son verdad: el lugar es mejor que
cualquier foto de tarjeta Village. Ahora sé que es lo que llevó a Jack
London a mudarse a la isla y a vates como Elvis Presley a componer una
de sus obras cumbre: "Blue Hawaii". Y ya que hablamos de clichés, hay
uno muy apto para responder a ciertos comentarios arteros formulados
por un mutuo conocido en tu último post: "Dejad que los perros
ladren". Un par de bromas de humor blanco y el tipo se ofende cual
abogado de los Legionarios de Cristo.

El periodismo es como la pasta base. Una vez que te enganchas, cuesta
dejarlo por más que te sometas a extensos períodos de desintoxicación.
Una de las razones para volver es financiera, lo que a la vez es
consecuencia de la infausta decisión que tomamos hace más de una
década sobre cómo despilfarrar nuestros puntajes de la PAA (por
cierto, cada vez que menciono la PAA se me llenan los ojos de
lágrimas. Fue el máximo logro académico de mi carrera estudiantil y
todavía conservo el suplemento de La Nación con mis puntajes
plastificado. Es un poco triste pensar que llegaste a tu "peak" a los
18 años, sobre todo porque ahora se llama PSU y mencionarla te hace
sonar como esos viejos de los que te reías cuando hablaban del
"bachillerato" y el "sexto año de humanidades"). Yo me encuentro
semi-retirado y lo que hago de periodismo es por gusto, pero simpatizo
plenamente con eso de perseguir a gente para que se digne a escupirte
una declaración. Me imagino que si estás del otro lado de la grabadora
es más entretenido, pero la verdad es que las únicas veces que me han
entrevistado ha sido en interrogatorios así que no sabría decirte.

De todas formas, creo que entrar a periodismo con un buen puntaje en
la PAA o PSU o SQP o como se llame es el equivalente a ganarse el pozo
acumulado del Kino e invertir toda la plata en una empresa de
tecnología dedicada a producir Betamax. No he visto peor uso del
capital ("capital humano" como dicen los siúticos) desde esa vez que a
la FACH se le ocurrió que Chilistán debía tener un programa espacial e
intentó mandar un satélite a la estratósfera, provocando la risa
generalizada de todo el sistema solar. "Fasat Alfa", creo que se
llamaba.

Hablando de nuestro querido país y de periodismo, hoy lunes me metí a
la página de LUN (o, como a mí me gusta llamarle, "The Chilistán
Times") y me encontré en portada con un tipo del que jamás había oído.
Supuestamente es un millonario que paga "sueldo ético" a sus empleados
y a quien alguien ha propuesto como candidato a Presidente. Su aspecto
me recordó a "Malibu" de los "Gladiadores Americanos", pero supongo
que no desentonaría en una carrera presidencial considerando las
alternativas (entre ellas, la de nuestro ególatra favorito).

¿Cómo va la escritura? ¿Ya te lanzaste con tu obra o todavía estás
pontificando igual que yo?

-GB.

viernes, 29 de agosto de 2008

Episcolario: periodistez

Don,

espero estés en Honolulu reconsiderando tu vida o al menos buscando culpables por algunas decisiones absurdas, como por ejemplo haber "estudiado" periodismo. Lo digo, porque estos días he vuelto a la periodistez, seducido por 100 lucas por una entrevista para una importante revista nacional que prepara un especial por los 35 años del golpe (no diré cuál es para –parafraséandote– no ser googleado en mi contra).

Pensé que era cosa de llegar y hablar con un tipo usando mis frondosos conocimientos acerca del periodo, adquiridos en charlas ociosas y regadas en los parques de nuestro amado campus oriente (mi quinta de recreo) acerca de los errores, el porvenir y el sentido de la izquierda (siempre en tono profético, ascético o ambos). Pero no, llego a la entrevista, producida por el equipo de la revista, y el entrevistado se niega a hablar sobre su experiencia personal (que es el leimotiv del asunto), así que métale hablar cualquier otra cosa por si bajaba la guardia. Como no funcionó, me tocó la labor más ingrata del periodista (a parte de no tener vida personal ni tiempo libre): llamar por teléfono para que alguno de los señores políticos se dignara a atenderme, más encima en plazos ajustados y fatales. Se me había olvidado lo ingrato del portazo en la cara, el ninguneo y la voz de agote ante mis llamados, pero peor aún, se me habían olvidado las fórmulas de relaciones públicas rastreras que hay que adoptar para conseguir el vil objetivo reporteril. Para colmo, la vez que Memo me podía ayudar y no yo a él, se fue por el wc y no pude contactarlo.

Sin embargo, al final lo conseguí, y a menos que la grabadora haya fallado, tengo in the pocket la cochina plata, que a esta altura me parece igual de mal pagada que siempre (en celular me habré pitiado un 20%), y la seguridad de no haber marrado en la decisión de jubilarme anticipadamente del oficio, pues esto es una recaída transitoria, hija de la necesidad y la pobreza (que siendo tan cristiana tiene cara de hereje).

También he avanzado en el proyecto de traducción al inglés de expresiones chilenas. A continuación te doy cuenta del acervo alcanzado (las últimas dos las conocías):

  • Where do you see it = adónde la viste
  • Jump to the side = salta pa'l la'o
  • I want pure give to you = quiero puro darte
  • Dick in the eye = pico en el ojo
  • Rich it suck = Lopachu corri
  • I'm not neither hier = No estoy ni ahí
  • Pussy = chori
  • Cumb the carpet = peinar la alfombra
  • Eat him the color = Comerle la color
  • Make her the tricks = hacerle los trucos
  • Ingroup her = engrupirla
  • In lo absolutly = en lo absoluto
  • Press round = conferencia de prensa
  • Speak to the country = dirigirse al país
  • Never well ponderated = Nunca bien ponderado
  • Put it in knowledge = Ponerlo en conocimiento
How stay I, Godoy?

Lo último, que no te avergüence confesar los placeres onanistas, pues es sabido que el primer amor nunca se olvida.

Bonus Track: me encontré con Chato en la calle, y pese a que se autoninguneó por su nueva pega en un joldin radial (algo así como bilbiotecario de audios), se veía bastante bien. Estaba delgado, bien vestido y sonriente. Practicaba una arte marcial tibetano. En fin, ni la sombra de nuestro amigo de aquellos años en los que le colgaba esa mochila que parecía paracaídas del ejército salvadoreño y vestía esas poleras de grupos rock espantaminas UC.

jueves, 28 de agosto de 2008

Episcolario: facebook

Andrés,

Facebook es algo con lo que me topé hace cuatro años, cuando estudiaba en una universidad gringa. Lo miré porque todos mis compañeros 10 años más jóvenes lo usaban como si fuera el mejor invento desde correrse la p… (dale con el tema. Voy a parecer monotemático así que las referencias a masturbarse se acaban acá). Mi primera impresión fue que, o me estaba volviendo más viejo, o las nuevas generaciones son aún más huevonas de lo que pensaba. La adicción a la pasta base entre sus padres fue más frecuente de lo que sospechamos y hoy vemos las consecuencias en sus retoños. Probablemente la respuesta sea una mezcla entre ambas. El punto es que no le encontré la gracia a meterse a una página para ver fotos de otras personas, algunas carentes de todo pudor y sentido de la dignidad, así como esas frases a las que aludes: "Nicolás está descansando en casa", "Rodrigo necesita vacaciones", "Luis se está corriendo la p…" (perdón, no lo puedo evitar). Después de un estudio acabado de 30 minutos concluí que Facebook es una gran base de datos que contiene los nombres e información personal de la gente más huevona del planeta. Supuse en ese momento que se trataba de un truco de Dios para decidir, una vez llegado el Apocalipsis, a quiénes mandar al infierno sin necesidad de ponernos a todos en fila y revisar nuestros prontuarios. Piénsalo, hasta el nombre es idiota. "Face" y "book". El único "feisbuk" que conozco es el que usa Gendarmería para sacarle fotos de frente y perfil a su clientela.


Es así como, fiel a mi inconsecuencia crónica, el año pasado me inscribí en la paginita, cual viejo que comienza a usar la palabra "chori" dos décadas después que pasó de moda. Tuve que tragarme mis palabras, en especial cuando le dije a una amiga de ambos que "Facebook es el refugio de todos los pedófilos en busca de amigos menores de edad". De un día para otro, me di cuenta que ya sumo más de 100 amigos, lo que en el mundo real de gente con vida suena a harto, pero en Facebook me sitúa como una de las personas más impopulares junto a Pol Pot y Jack el Destripador. En Facebook, no eres nadie si no tienes más amigos que Roberto Carlos. La cosa es que ya me he familiarizado con el sistemita y lo uso para lo que todos lo usan: buscar compañeras de colegio para determinar si siguen ricas y ver si las personas a las que alguna vez les deseaste mal continúan vivas pese a todas tus maldiciones, vudú y males de ojo. Ya agoté mi círculo de amigos de primera, segunda y tercera división y ahora estoy en búsquedas del tipo: "¿Cómo se llamaba ese pendejo con que iba al jardín infantil? Ese que me pegó con su camión de plástico en la cabeza y me dejó con la cicatriz que todavía se me ve si me corto el pelo" o "¿Cómo se llamaba la ex de XX? Te apuesto que todavía tiene el par de tremendas…".


También envío y recibo "friend requests" de gente con la que no me gusta que me asocien y de la cual ni siquiera me interesa ver sus álbumes, pero no tengo corazón para rechazarlas. Busco fotos de mis amigos y lo único que encuentro son imágenes de guaguas ("Jorge conoce la playa", "Andreíta en su primer día de colegio") y me siento más viejo y desconectado. También intento localizar gente que no he visto en diez años y una vez que nos hacemos "friends" seguimos sin hablarnos por otros diez años. Creo que en un tiempo más van a tener que inventar otro Facebook para ubicar a la gente con la que ya no te hablas en Facebook. Por último, están esas encuestas que te hacen dudar de qué tan bien conoces a las personas. Cuando un buen amigo te invita a participar en cosas como "¿Qué tipo de piscola eres?" te preguntas si la caída del pelo también implica la pérdida del sentido del humor.


Lo de escribir y leer es tema aparte. Me parece genial. Tuve esa misma revelación hace unos años y me puse a leer ficción como enfermo. Decidí que era mejor volver a meterse en novelas que seguir los casos Inverlink o Spiniak (Inver… ¿qué? Spin… ¿qué? Nadie se acuerda y a nadie le importa) o escuchar la último declaración del ex – Presidente megalómano que todavía se cree Presidente. Ahora me mantengo algo informado por razones de trabajo pero miro de lejos cómo la gente en mi oficina se desvive por encuestas y declaraciones que a nadie le van a importar después de las presidenciales en noviembre.


El hábito lo tuve que interrumpir luego de venirme a EEUU y comenzar a preocuparme de cosas triviales como estudiar y trabajar. Hace un par de años lo reanudé y hoy me compro más libros de los que alcanzo a leer, cual Imelda Marcos coleccionando zapatos. También volví a escribir y de no ser por las primarias, tal vez ya habría terminado una novela de la que llevo como 120 páginas, un récord para un flojo como yo. Aunque muchos dicen que no sirven para nada, me compré un libro sobre cómo escribir de Walter Mosley (entre paréntesis, un escritorazo, muy entretenido. Debieras buscarlo. Te aseguro que encuentras sus novelas en las librerías del Drugstore) y me ayudó con la disciplina de sentarse a tipear. El tipo no te enseña lo imposible de enseñar (si escribes libros como Coelho y poesía como Arjona, lo más probable es que sea una condición crónica), sino que da consejos para organizarte, que es lo que más se necesita cuando haces cosas que no son por obligación ni tienen plata de por medio. En resumen, un libro de autoayuda sin tener que reconocer que leíste un libro de autoayuda.


Ok, ahora me largo. Me salió el viaje a Hawai así que ya me estoy probando camisas floreadas para partir la próxima semana. Un gran abrazo y estamos hablando.

Saludos,
GB.

martes, 26 de agosto de 2008

Episcolario (r-2)

Estimado,

agradezco tu saludo cumpleañero, y aprovecho para hacerlo con todos quienes se pronunciaron a través de las nuevas tecnologías. Eso me hace pensar en el fenómeno facebook. Ni en los eneros de cuando tenía casa con piscina tuve tantos amigos. La verdad me hice la cuenta sólo por la curiosidad de ver los retratos que cada cual se pone en su perfil (la vanidad es cosa seria), y al final –debo confesar– de cuando en vez me quedo paseando por los pasillos y salones virtuales de la comunidad de mis conocidos. Creo que el éxito de este medio se debe a la imposibilidad de hacer vida social de verdad, lo que se acentúa por la capacidad que ofrece para maquillar nuestras pequeñeces. Es al menos curioso leer los estatus de la gente. No entiendo por qué algunos ponen los aspectos más prosaicos de su vida en el conocimiento general ("XXX is haciéndome un pan con palta"), ni a otros que parecen entender la palabra "estatus" en su sentido más amplio ("XXX is meeting girls and doing buisiness in London"). Deberíamos ser todos más sinceros y poner "estoy aburrido" o "estoy sin amigos", "robando horas de trabajo" o "viendo porno", porque por algo nos gastamos la vida frente a un computador.

Sí, es cierto, he tenido el blog en estado de hibernación relativa, pero eso es el reflejo de lo que acaece con mi persona. 2008 será recordado como el año cuya máxima ambición fue trabajar poco y dormir siesta. Cumplí 30 hace 3 años, y en ese entonces fue cuando hice la retrospectiva y los propósitos para la década en curso, y según mis cálculos me alcanza el tiempo demás si me afano a partir de los 37. Por suerte no soy cristiano ni megalómano. Sino capaz que me habría detenido en todo lo que hizo don jeshu, lo que me habría quitado preciosos minutos de sueño en pensar en azotes y sus recompensas.

Otra actividad reposada de la que me enorgullezco es la de haber estado leyendo novelas y cuentos. La principal consecuencia fue una cierta dosis de rabia por haber perdido el tiempo leyendo tanto diario, revista y en general basura periodística. Es cierto que gracias a ella he podido opinar en los asados, pero no me ha servido mucho más. Al cuerno con la actualidad. Tanta lectura también me ha devuelto cierto gusto por escribir. Es más, por primera vez en mi vida terminé un cuento. Lo publiqué en este blog, pero después me bajó la ambición y lo mandé al concurso de la revista paula, por lo que bajé ipso facto de este medio. No sé como me irá, no tengo experiencias en ese tipo de ambientes, donde parece ser la maña estilística la norma para aspirar a un reconocimiento, pero al menos no me dio verguenza alguna, ni siquiera cuando lo mandé por correo, y la funcionaria me deseó suerte con una mezcla de auténticas simpatía y ternura (pobre pelagato, ha de haber pensado).

La verdad descubrí que me encantaría ser escritor, pero más que por ninguna otra razón, porque es un oficio que podría desempeñar bajo un palto, curao y/o en el horario en que me baje la soberana gana. Claro, habría que ingresar en un submundillo de corte y cortesanos, con su propia economía de conceptos ampulosos y palabrería academicista, zancadillas, genuflexiones, y francas y claras chupadas de pico (habrá que comentar el premio nacional de este año, otorgado a un poeta que recoje las migas del banquete de neruda y la mistral), pero me da igual, que tengo don de gentes, y la verdad no me afecta en demasía toda esa proterva mezquindad, por lo que tengo la fantasía de que eso me llegaría sólo de refilón.

In fact, pretendo escribir una obra de teatro sobre Fernando Pessoa, un poeta portugués de puta madre, bien desconcertante, creador de los "heterónimos", que son otras voces poéticas totalmente idependientes del autor (ortónimo), con biografías y tesis literarias propias y consistentes, que incluso discuten las del propio Pessoa. He estado leyendo sobre él, y creo que podría interesarte. Tiene una mezcla de timidez neurótica e intelecto megalómano que lo hace muy excepcional. No te suene la cadencia del idioma portugués, en su versión brasileña y sensual, que el tipo es un denso más o menos, cuyo proyecto literario fue el drama em gente, en el que uso como escenificación todos los canales de producción y difusión de literatura de Lisboa.

Con ideas así, se me ocurren estupideces. Por ejemplo, otro proyecto podría ser seducir al mercado anglo parlante (al menos de los gringos interesados en América Latina), introduciendo en su lengua algunas expresiones chilistaníes que creo que tendrían gran éxito, como por ejemplo popularizar el viejo "ponerlo en conocimiento" (put it in knowledge) o el "nunca bien ponderado" (never well pondereted). En eso me podrías ayudar, creando –qué sé yo– un diccionario bilingue de expresiones procaces provenientes del último pelo del culo del mundo (¿cómo lo traducirías?).

En fin. No te quito más tiempo con devaneos.

Salú


viernes, 22 de agosto de 2008

Episcolario (reloaded)

Estimado Andrés,
Te saludo con atraso en tu cumpleaños pero te saludo y te deseo lo mejor igual. La culpa de mi impuntualidad la tiene el trabajo. Me gustaría también echarle la culpa al huso horario, pero las zonas van de izquierda a derecha (y creo que Chilistán y Washington están en la misma) en vez de arriba abajo, del Primer Mundo al Tercero, como debiera ser. De todas formas, si piensas que EEUU está 5 billones de años luz más adelantado que Chilistán en todo aspecto, considera mi saludo como un mensaje anticipado.

¿Qué has estado haciendo? Veo poca actividad en tu blog, aunque para ser francos nunca hubo mucha salvo por los partidos de fútbol. Yo estoy tratando de irme de vacaciones a Honolulu pero como el tiempo disponible es escaso y mi jefa me está poniendo cara de culo. Seguramente tiene miedo que una vez que pise tierra en Hawai, vea las palmeras, la playa y las polinesias meneanando sus caderas como una foto Polaroid a punto de revelarse, se me haga agua la boca, me den ganas de chupar y en el tiempo que me toma bajar dos piña coladas toda la ética protestante trabajólica que se me ha impregnado estos últimos años sucumba ante mis genes tercermundistas. De esa isla no me sacan ni con un tsunami.


Por ahora debo apoyarme en las técnicas de abstracción budista que aprendí en el colegio y perfeccionamos en la universidad de escuchar sin escuchar y pensar en cualquier otra cosa menos en lo que debiera. Eso y correrme la paja, un placer que ni el más neoliberal de los regímenes de trabajo me va a poder quitar. Llevo mi propia máquina de realidad virtual colgando entre las piernas. Ni siquiera la influencia sodomito-pedófila de una formación nominalmente católica pudo quitarme el gusto por el onanismo, el mismo que obliga a Memo a persignarse por cortesía de Silva Henríquez cada vez que se pega una macaca. Últimamente le he dado hartas vueltas al asunto y he llegado a un argumento teológico irrefutable: si Dios no hubiera querido que nos corriéramos la paja, nos habría dado brazos más cortos. Creo que una máxima así podría tener buena recepción al menos en los jesuitas o, como a mí me gusta llamarles, "la orden religiosa cuyos miembros subliman su deseo de sodomizar niños a través de la lectura".


¿Sigues trabajando en la consultora? ¿Qué proyectos has estado haciendo? Viajo a Chilistán en diciembre y me quedo hasta enero, después me voy a Argentina a pasar el mal rato y finalmente vuelvo a EEUU a mediados de mes. ¿Tienes algún plan de viaje? ¿Por qué no consideras un paseíto por acá? Tienes donde quedarte y lo único en que gastarías serían pasajes y si le quieres llevar un regalo a alguien.


En fin, sé que es viernes y estás pensando en cosas más atractivas que esta marea de letras. Espero que sigas celebrando el fin de semana y recibe un gran abrazo.


-GB