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martes, 31 de marzo de 2009
Episcolario: la cláusula secreta chilistaní
Creo que hemos hablado de este asunto antes (en verdad no lo creo. Me consta, porque es un tema recurrente en estos intercambios, partiendo por el ranking de éxito generacional que de humorada se convirtió en fuente de angustia). Me parece que eres muy duro contigo y mientras tus decisiones no afecten a nadie más (no debes pensión alimenticia ni vives de una mesada perpetua) debieras asumirlas sin cargo de conciencia. Los actos son más decidores que las palabras y si no te has puesto a buscar trabajo en un edificio con el logotipo de la compañía en el frontis ni mandas mensajes chistosos desde tu e-mail corporativo es porque no te interesa trabajar en lugares así ni ser ese tipo de persona. Por cierto, en lo que te digo no hay ningún juicio de valor a leer entre líneas. Te escribo ésto mirando las paredes vacías de mi cubículo (soy el único en mi departamento que se resiste a “humanizar” mi entorno con fotos familiares o de la mascota que no tengo, o bien un póster Hallmark de unos gatitos haciéndose cariño), en horas laborales, y con bastante trabajo pendiente. Es decir, una posición que no es ni de superioridad ni particularmente envidiable.
Por un lado, está la supuesta seguridad de un empleo típico ante la igualmente supuesta inestabilidad del trabajo freelance. A juzgar por cómo están echando gente en todos lados, ese argumento ya no vale. Un ejemplo gringo: Uno de los sindicatos más grandes de EEUU (no el mío, afortunadamente) está echando gente a la calle y de paso no sólo violando el contrato colectivo que firmó con sus empleados, sino desbaratando su propio sindicato interno. Cuando vez que hasta una organización que en teoría lucha por los derechos de los trabajadores trata a sus propios empleados como lápices Bic sin pasta, te das cuenta que la vida “estable” tampoco es tan estable. Lo mismo se aplica a Chilistán, pero me imagino que allá es peor porque boletear a los 50 años o que el patrón despida y recontrate empleados cada tres meses no es considerado anormal.
El freelancer también tiene que trabajar. Aunque no lo haga atrincherado entre esas tres panderetas de género que crean una falsa sensación de privacidad y que nadie le monitoree el computador cuando juega solitario o busca desfiles de moda en bikini por Youtube, de todas formas debe producir algo para mantenerse. Es por eso que no entiendo el estigma contra el gil que no se pone una camisa Bellota cada mañana y sale a trabajar.
Ser un freelancer no es de por sí malo ni peor que vender el alma a un sólo postor en vez de en cuotas como lo haces tú (o lo hacía yo hace años). De hecho – y, una vez más, vamos atacando a Chilistán – el problema radica en que el sistema se sustenta en confianzas mutuas, partiendo por el supuesto que el empleador te va a pagar la cifra convenida en el plazo convenido. En países donde se respetan estos acuerdos civilizados no existen los “llámame la próxima semana si no te aparece el depósito” o “parece que se perdió la factura, déjame ver y te aviso”. Quizás sea competencia desleal, pero en las regiones un poco más desarrolladas del mundo no existe la famosa “cláusula secreta del contrato verbal chilistaní”, que reza: “El empleador se reserva el derecho de no respetar su palabra ni cancelar los montos convenidos por la prestación de servicios. Para efectos de este contrato, la palabra “convenido” en verdad quiere decir “negociable y susceptible a cambios y rebajas de último minuto”. Cualquier reclamo por parte del contratista podrá significar la invalidación automática del acuerdo”.
En definitiva, si termináramos con esa institución deleznable que es el “boletear” y agilizáramos los procedimientos legales o bien creáramos una ley con dientes para que el freelancer pueda hacer valer sus derechos, gran parte de este dilema sería resuelto. Cuando uno compra algo o pide un préstamo, tiene que firmar un millón de formularios, el sucedáneo legal de estar agarrado de los cocos. ¿Por qué entonces cuando se trata de trabajos uno se tiene que conformar con acuerdos verbales y contratos invisibles?
En fin, ser freelancer es una opción viable y si de vez en cuando te angustias es sencillamente porque tienes la libertad de hacerlo. Los oficinistas con trabajo estable están muy ocupados corriendo sin avanzar cual hámster en la rueda de su jaula.
Sobre las elecciones de Periodismo, propongo una moratoria de 10 años para que el tema vuelva a ser chistoso. La anécdota es genuinamente legendaria, pero de tanto repetirla está más gastada que la copia de esa película sobre la vida de Jesús que dan todos los años para Semana Santa (esa en que si el actor que interpreta a Jesús no tuviera barba, sería una mina exquisita). Sin pretender hablar por él, el blog de Gonzalo tiene tanto tráfico porque está dedicado a un tema atractivo (el cine) en vez de a reclamos personales como los de uno. La única persona que ha hecho una fortuna de sus reclamos y traumas es Woody Allen y hasta él se ha tenido que ir a otros países porque ya nadie le financia sus películas en EEUU. Más encima, es un buen blog a cargo de alguien que sabe del tema y es conocido en el medio sobre el cual escribe. Lo nuestro es bastante más disperso, por decirlo lo más eufemísticamente posible.
Hasta donde recuerdo, no teníamos ninguna mala onda con su lista y de hecho buena parte de sus votos se pasó a la nuestra, partiendo por las dos integrantes atractivas de su directiva, lo que para mí vale doble. En un mundo ideal, no habríamos tenido que competir (pese a que efectivamente SALIMOS PRIMEROS) y hoy podríamos hablar de lo bueno que fue nuestro gobierno (o, lo que es más probable, de cómo nos lo farreamos haciendo nada). A Felipe lo reclutamos para que le diera seriedad a la campaña y estoy seguro que más de algún voto serio nos consiguió (mientras que, gracias al integrante rastafari de la lista, perdimos otros tantos). Lo que es indudable es que la elección se ganó en el debate, donde se brilló a punta de pesadeses, chistes mala clase y un despliegue de virulencia inusitada. Pocos candidatos pueden decir que hicieron reír a todo el mundo y más encima esa misma gente votó por ellos.
Al año siguiente confirmamos esa perla de la sabiduría chilistaní que dice “chiste repetido sale podrido” y volvimos a perder. Esa vez fue ante el “Colectivo Casa Vacía” que, con el respeto que me merece un gran integrante de esa lista que me consta lee este blog (iniciales: R.G.), debe ser lejos el nombre más maricón de la historia de las elecciones estudiantiles universitarias. Al igual que la otra vez, ganamos en primera ronda en una carrera a tres bandas, pero sucumbimos en la segunda vuelta (por 5 votos, el año anterior fueron 3) ante la suma de las otras dos listas. Tal vez los únicos hitos de esa oportunidad fueron el haber montado la campaña en una semana y hacer que Memo (quien sigue fiel a su voto de silencio y mientras más se lo recordemos, menos va a hablar) se parara en el debate ante un público considerable, experiencia que no vivía desde su primera comunión.
Un abrazo y estamos hablando.
-GB.
viernes, 27 de marzo de 2009
Episcolario: las casualidades
Me he demorado en escribir por un fenómeno preocupante; me dio por trabajar. No es nada grave, no te asustes, supongo que es la reacción natural de mi cuerpo a la merma del calor y al despoblamiento –sin prisa pero sin pausa– que sufre mi refrigerador (necesito un pago ya).
La verdad me repito como mantra esa explicación para tratar de acallar la verdadera causa de esta actitud. Voy a dar una larga vuelta para explicártelo.
Resulta que hace poco leí una novela en la que contaban la historia de un científico caído en desgracia por falsear experimentos, un tal Kemerer, si mal no recuerdo. La cosa es que este tipo afirmó que las casualidades se atraen a causa de principios físicos similares a las leyes de atracción de los cuerpos. Yaaaaaa, me dije, descreído como soy, porque siempre me han molestado esas situaciones en que –por ejemplo– un grupo de conocidos comienzan a cachar que tienen conocidos en común, y terminan indeclinablemente diciendo ese cliché "el mundo es un pañuelo". "No –digo yo en esas conversaciones– Santiago Oriente es un pañuelo, y además endogámico y bueno para mirarse el ombligo". En tales circunstancias propongo ver lo absurdo del aserto, imaginando, por ejemplo, a un grupo de jóvenes bagdadíes asombrados porque Alí conoció en su infancia al ex prometido de la tercera esposa de Mohamed, quien a su vez en una ocasión le compró una camella que se llama Miriam, al igual que la mentada mujer, por la misma cantidad de dinares que costó la dote, todo en un radio menor que la distancia entre el Tigris y el Éufrates, o sea, en un pañuelo.
Bueno, la cosa es que fui a comer a la casa de Felipe Aldunate y comenzamos como siempre a recordar nuestro paso por la Escuela de Periodismo, con un tono cada vez más cercano a la jubilación. Como siempre ubicamos el momento exacto en que él dejó de ser un patán y yo proseguí siéndolo, pese a sus advertencias, riéndonos además de las consecuencias de dichas decisiones (yo no sé de qué me reía). Una buena porción de la charla se dedicó a la gloriosa campaña que hicimos para conquistar el Centro de Estudiantes, de la cual tuve el honor de ser el candidato a presidente y ser acompañado en esa "Lista C" por tí, Felipe y una pléyade de tipos sin buen futuro aparente.
Sin querer entrar de lleno a ese recuerdo, porque tiene material como para un post completo del episcolario y por temor a tener que enfrentarnos a que ya a nadie le interesa, debo consignar acá que la campaña fue notable, desde sus eslóganes ("no quiero ser tu amigo" o "presta el voto") hasta momentos de insuperable surrealismo, como cuando todas nuestras rubias compañeras de curso votaron por nosotros, sin el mímimo cuidado por los contenidos contrariantes e injuriosos (supongo que intuían nuestra profunda insignificancia), todavía me acuerdo cuando fui a que me prestara el voto la Mónica Rincón y la Soledad Onetto. En fin.
La cosa es que tras rememorar esos tiempos, me llegó un correo para vincular una nota de Gonzalo Maza en la que trataba un tema que yo había tratado la semana pasada en citizenalmeida. Mi post tiene 8 comentarios en más de una semana, el de Gonzalo 91, hoy. ¿Quién es (o fue) Gonzalo? Nada menos que nuestro contendor en la gloriosa campaña, a quien vencimos inmisericordemente (y uso esta palabra sin pretensiones de grandilocuencia, sino porque fuimos unos pesados y odiosos), relegándolo al tercer lugar.
Eso es una casualidad a la que no habría prestado mayor atención, de no ser por la casualidad de haber leído sobre las casualidades y haber estado con Felipe, quien escapó de mi destino y del de Gonzalo (porque aquel rechazó la beca a una universidad cristiana de Texas, la que luego fue aceptada por éste), lo que me llevó a la trampa de misterio que encierran estas situaciones.
¿Las casualidades de Kemerer se conjuraron para decirme qué?
Cualquier observador inopinado, que conociera a Felipe y a Gonzalo, dos exitosos periodistas de nuestra época, habría pensado lo mismo que yo al principio: que soy un vago y sin ambición, y nunca voy a llegar a nada si no cambio, que mis últimos éxitos fueron precisamente la mentada campaña y un buen puntaje en la prueba de aptitud académica. Por eso tanto trabajo esta semana.
Sin embargo, en un minuto de lucidez, me detuve, abrí japines, vi tu post y recordé que no te había respondido, y mientras lo hago me doy cuenta que estoy en mi casa, escuchando musiquita, escribiendo lo que me sale, en definitiva contento de haber escapado de quizá qué diablos, si se hubiese dado la casualidad de no ser quien soy.
Salú
lunes, 23 de marzo de 2009
Episcolario: patrioterismo
Andrés,
Me gustó mucho el comentario de tu socio sobre la proliferación de grupos oligofrénicos en Facebook y cómo lo invitaron a formar parte de uno. Pese a que nadie me ha mandado un mensaje para ser miembro de “NO AL MAR PARA BOLIVIA” no lo veo como una muestra más del declive de mi vida social, y más bien me siento aliviado de no perder tiempo rabiando con estupideces. Dado que soy experto en mantener discusiones inconducentes con desconocidos, agradezco no haber leído los mensajes de chilistaníes que seguramente no conocen la historia de su país y sin embargo creen que insultar a gente de otros lugares o esa picantería que les ha dado de cantar la canción nacional con la mano en el pecho en los partidos de fútbol son actos de patriotismo. Esto me recuerda al dicho de un amigo, “soy nacionalista, pero no sé de qué país”.
Hace un tiempo cometí el error de meterme a un grupo de Facebook llamado algo así como “Patagonia, denominación de origen exclusivamente argentina”, donde sus miembros hablaban de cómo Chilistán había usurpado el nombre de la Patagonia para atraer turistas. Repetí varias veces que la Patagonia se encuentra en ambos países y pretender que sólo un pedazo suyo responda a ese nombre es el equivalente a que Chilistán patente el apelativo de la cordillera de los Andes y le prohíba a los demás países seguir llamándola como siempre lo han hecho. El nivel de intervenciones siguió bajando, incluyendo mensajes de chilistaníes que acusaban a los argentinos de “ladrones”, lo que me imagino explica en sus mentes por qué el sur argentino es relativamente desarrollado y produce plata mientras que el nuestro es un jardín botánico que sólo atrae a mochileros o multimillonarios, pero no genera turismo. Sólo quería reírme un rato de este patrioterismo de álbum Salo, pero desgraciadamente la estupidez me superó.
No tengo problemas con el sentimiento de pertenencia pero nunca he entendido esa sensación de superioridad sencillamente porque naciste en un lugar puntual. Acá lo veo todos los días. Cuando trabajaba para un diario en Illinois, tenía a una compañera dominicana, hija de dominicanos, pero nacida en New York. Por algún motivo que aún no entiendo, hablaba todo el día de cómo los neoyorquinos eran infinitamente mejores que el resto de EEUU y lo estúpida que era la gente del Medio Oeste. Yo me preguntaba cómo alguien cuya familia viene de afuera y cuyo único vínculo con NY era el haber nacido en el estado, no sólo se sentía heredera de toda su supuesta grandeza sino que con derecho a denostar a la gente de otra región, ¡en el mismo país! Más aún, si como sospechaba, ella no había contribuido nada a esta aparente superioridad intrínseca de NY salvo el hecho que la parieron dentro de sus fronteras, ¿por qué se vanagloriaba de ser neoyorquina? ¿Acaso la grandeza de un lugar se transfiere automáticamente a todos los que nacieron ahí? El haber nacido en un país o una ciudad bacán me parece excelente, pero si eso es todo lo que tienes que decir a tu favor entonces eres más charcha que el más charcha de los ciudadanos de la dictadura bananera más charcha del mundo.
De vez en cuando me junto a hacer asados con un grupo de argentinos que viven en esta área. Son ingenieros y trabajan para la facultad de una universidad local. Algunos desarrollan proyectos para la NASA y todos sin excepción tienen un Ph.D. De hecho, ayer uno de ellos me contaba que había sacado su doctorado en “cosmología cuántica”. Tal cual. Me duele la cabeza sólo repetirlo. En otras palabras, cuando nos juntamos, el único con credenciales académicas insignificantes soy yo. ¿Por qué te cuento esto? Por lo siguiente: El otro día estos argentinos se juntaron a jugar fútbol en una cancha pública en un parque de Virginia. Como te imaginarás de un partido de treintones y cuarentones en EEUU, no había trago al costado de la cancha ni palabrotas dentro de ella. De pronto, de la nada, aparece una vieja que paseaba a su perro por el parque y le pregunta a uno de los jugadores si tienen permiso para ocupar la cancha. La tipa no trabajaba en el recinto ni tampoco dio a entender que poseía ninguna autoridad más allá de haber excedido su estadía en este mundo (es decir, ser una vieja de mierda). Peor aún, la momia decrépita les hizo la pregunta en español, pero con acento gringo, balbuceando algo así como: “¿Tiene perrmisou?” y se metió a la cancha de lo más prepotente. Uno de los argentinos le respondió: “We don’t speak Spanish” y siguieron jugando sin volverla a pescar. La vieja sapa se fue después de un rato, pero lo increíble es que la urraca ésta asuma que porque un grupo de personas que no se parece a ella juega fútbol y habla en español, cuenta con la autoridad para hostilizarlos. No es que tenga ninguna importancia, pero todos estos tipos son inmigrantes legales y seguro pagan más impuestos que la vieja y todos sus parientes, sin mencionar que su nivel educacional está un par de diplomas más arriba. Sin embargo, como son hispanos, cree que puede amedrentarlos y, peor aún, que bastan unas palabras en español para que los latinos salgan corriendo y dejen la pelota dando botes, sola en la cancha, por miedo a que los pille “la migra”.
Esas actitudes de patrón de fundo sin fundo me revientan en especial porque, como te decía, suelen provenir del ciudadano más charcha de toda la nación, el que no le ha ganado a nadie pero se cree superior porque el país en que vive tiene un PGB más alto que sus vecinos. En cierta manera, es el equivalente al chilistaní que vive sus éxitos a través de su equipo de fútbol, ya que personalmente no tiene nada de qué quebrarse.
Los argentinos, por cierto, demostraron una clase que yo jamás habría podido exhibir. Si yo hubiera estado en la cancha, y no lo digo por hacerme el chistoso, habría agarrado a pelotazos tanto al perro como a la vieja. Es más, si hubiera andado con su marido, voy y le pego por ser tan huevón de estar casado con una arpía vetusta con delirio de guardia fronterizo. Pienso que el problema puede venir desde la cuna y no ser ese mero patrioterismo que supone que la grandeza de un país se pega por transmisión sexual. Después de todo, la argumentación es muy parecida a la del típico pendejo que tenías como compañero de curso al que le gustaba decir cosas como: “Mi papá le saca la cresta al tuyo” o “Mi papá gana más plata que el tuyo”. Ese tipo de actitudes se remedian con respuestas parecidas, al estilo de: “Sí, claro, pero tu papá no está aquí para defenderte” y acto seguido les pones un cornete en el hocico.
De Kapuchinski lo único que agrego, y me imagino lo compartes, es que no es culpa del periodista de internacional si no lo mandan nunca al extranjero y tiene que hacer su pega en base a llamadas telefónicas y cables de la AP. Acá todos los diarios regionales y de pueblo chico, que son los que mejor conozco porque he trabajado en ellos, se apoyan en la AP y ni siquiera tienen un corresponsal en Washington, D.C. De hecho, hay diarios que están haciendo “outsourcing” a India y contratando a periodistas indios para que reporteen telefónicamente cosas como la asamblea municipal o la última reunión de concejales de pueblos perdidos en medio de EEUU. Triste, pero cierto.
A veces, considerando los presupuestos limitados, no tiene sentido mandar a alguien cuando sabes que por el hecho de venir de Chilistán o algún pueblucho estadounidense no tendrá mayor acceso a las fuentes y su perspectiva no será tanto más interesante como para justificar un gasto que supera el costo de suscribirse a un servicio de cables. Lo de proteger el bono tampoco lo encuentro tan reprobable porque no todos somos héroes y por lo demás, cuando ganas poco, vale la pena proteger el aguinaldo de navidad o tragarse ciertas indignidades para mantener la pega. Es algo derrotista reconocerlo, pero no todos pueden ser Hunter S. Thompson (a propósito, te recomiendo el más reciente documental de su vida. Se llama “Gonzo” y vale la pena).
Tu lista de lecturas recomendadas me pareció perfecta. Sospecho que no se puede hacer algo parecido a los franceses porque, ni nuestros políticos leen, ni es común ver un acto de protesta que exija más esfuerzo que tocar la bocina o, para los más aventurados, mandar una carta al diario. Sospecho que al dirigente chilistaní promedio un acto como leer una novela en protesta no le movería ni un pelo. Una buena muestra de la decadencia de nuestros dirigentes es constatar como ya ni siquiera tienen inquietudes intelectuales y al parecer viven y mueren por perpetuarse en esta autocracia, ya sea para mantener el pelaje familiar o subir de pelaje en caso de no ser capaces de trazar sus antepasados al Winnipeg. A vuelo de pájaro, se me ocurren varios políticos que en sus ratos libres producían novelas, ensayos y demases. Disraeli y Churchill escribieron novelas (es más, este último ganó el Nobel de Literatura por sus obras de historia y aunque probablemente fue un premio político, no me imagino a sus símiles de hoy recibiendo ni una estrellita en la mano), Mussolini escribió novelas y obras de teatro, Jimmy Carter ha publicado novelas históricas y poemas, y hasta Franco es autor de un guión cinematográfico. Todo ésto sin mencionar la costumbre de líderes políticos de siglos pasados, ya sea en Europa o en Chilistán, de escribir tratados sobre los más diversos temas, desde historia hasta antropología. Hoy con suerte lees memorias autocomplacientes escritas a pedido y con la misma colección de slogans y frases hechas que caracterizan los discursos de estas mediocridades modernas. De hecho, esta mañana leí un blog de un político chilistaní acerca de las AFPs. Contenía información muy interesante (en síntesis, que las compañías matrices de varias de nuestras AFPs se están yendo al carajo y si quiebran no va a haber nadie para responderle a los giles que impusieron en ellas), pero su redacción daba pena. Junto con recomendarles lecturas a nuestros gloriosos líderes, tal vez sería bueno mandarles el mismo maletín literario con que de manera tan paternalista han pretendido ilustrar a la gente que de todas formas vota por ellos.
-GB.
sábado, 21 de marzo de 2009
Episocolario: en la ruta del guía espiritual
Me desternillé de la risa con la nota de advertencia que tuviste que poner en tu misiva, para evitar toda condena u objeción frente a cualquier interpretación maliciosa acerca de tus aseveraciones sobre el austríaco ese.
También no dejó de preocuparme el que hayas hecho notar la facilidad con que te pueden googlear en tu contra. De hecho, lo único que estoy haciendo con mi otro blog, el citizen almeida, es pavimentar un derrotero de cesantía, porque con mis palabras estoy conculcando toda posiblidad de trabajar en un lugar con aire acondicionado. Pisarle los callos a cuanto perico con charretas no es buena estrategia. Pero en fin, supongo que es una manera de quemar las naves y no tener la chance de emplearme de gato en cualquier cosa. Y por último, sigue siendo cierto que esta actividad blogera es de muy baja lectoría, por lo que el escudo de la insignificancia seguirá protegiéndome.
También me pareció esplendorosa la idea de salir de Facebook de una manera rutilante. Al respecto, conozco de cerca una experiencia muy bella. Fue el suicidio de ese mundo por parte de Tato, quien lo publicó en su blog. Sírvete de leerlo, que está muy bueno pinchando aquí.
La verdad es que cada día me parece más abismante lo que pasa en Facebook. La impudicia y la vanidad son un cóctel demasiado indigestante. Es un ejercicio de autorrepresentación que me propende con demasiada frecuencia a la sensación de ridículo. Además, me parece ciertamente que es una herramienta de espionaje muy poderosa, que pronto cobrará víctimas, en historias sórdidas y macabras similares a las que imaginaste con Fritzl. De hecho, la Policía de Investigaciones ya debe tener un experto para inmiscuirse en redes Facebook, gente con doble identidad, etc.
Por mi parte también he estado tentado por hacerme pasar por compañero de curso de alguno de los periodistas más sapos del país (esos que parece que tuvieran mierda en el bigote cuando sapean a un pobre diablo que no da boletas en una botillería) para después hacer un reportaje-denuncia con todo lo políticamente incorrecto del sujeto en cuestión que pueda recabar usando Facebook, con el propósito de que viva en carne propia el escarnio de ser objeto de cristazos por parte de un cualquiera arriba de un púlpito.
Esta reflexión me lleva a mi última lectura, una selección de textos de Riszard Kapuscinski, un periodista polaco de esos de los antigüos, de los que se vanagloriaban de conocer y vivir el mundo y no del número de presidentes y ministros que han entrevistado. Según me enteré, en Chilistán tiene muchos seguidores, aunque pensándolo bien deben ser simples admiradores, porque que yo sepa el ave periodística nacional no arriesga ni el bono de navidad de fin de año (menos el culo), así que dudo que Kapuscinski haya hecho escuela, pues el tipo fue a cuanto conflicto hubo en lo que el llama el Tercer Mundo y no lo cubrió desde el Hyatt de Bagdad, como otros que andan de guapos por ahí.
De su lectura también extraje una valiosísima lección, a partir de una pregunta: ¿Cómo fue que el sistema de medios de la Polonia del siglo XX (léase un país agrario, retrasado (católico) y dominado por un régimen pro soviético) se las amañó para mandar un tipo a cubrir las guerras del África, con una producción peridística notable por su independencia y vigor? Ni idea, pero ciertamente es notable que en nuestra remota tierra no haya habido nada parecido. Cable, puro cable, y un desdén propio del más embrutecido de los campiranos por todo lo que no sucede entre mar y cordillera, si hasta se inventó un jet set nacional y una farándula de cuarta ante el desinterés del chilistaní por las cuitas de la casa real de Inglaterra (que esos al menos si tienen glamur, aunque yo les quitaría todas las coronas, tronos, palacios y privilegios para que averiguen lo que es tener que trabajar).
Ahí es cuando coincido plenamente contigo con ese extraño sentimiento de envidia que produce el acto poético y mamón de los franceses. Pero es imposible que pase algo similar en Chilistán, incluso hasta las más burda de las imitaciones, porque es imposibe saber qué lectura es enojosa para Piñera para llamar a leerla y comentarla compulsivamente, porque de seguro no la tiene. Tampoco podríamos atacar por la preferida, porque definitivamente no estoy dispuesto a gastar mi saliva ni mi tinta (o byts) en nada de autoayuda o de grandes gurúes del emprendimiento.
Ahora, me atrevería a proponer algunas lecturas a nuestros dirigentes, con el propósito de ahondar en sus intereses, proponiendo títulos que guién eventuales ensayos a partir de dichas lecturas:
Jovino Novoa: El obsceno pájaro de la noche, Donoso y Memorias de un soldado, de un desmemoriado soldado.
Ensayo: Mejor no rascar donde no pica.
Eduardo Frei: Confesiones, San Agustín, y Sexus, Miller.
Ensayo: Eso de ser DC...
Pablo Longueira: La formación integral del sacerdote católico, Maciel, y Los nenes, Patricio Fernández
Ensayo: ¡Jaime, hacia donde veo hay perversión!
Michelle Bachelet: Nuestros años verde olivo, Ampuero y Las cartas del Che en Bolivia
Ensayo: Mis pecadillos de juventud y sus enseñanzas
Sebastián Piñera: El vendedor más grande del mundo, Og Mandino y Cuento de navidad, Dickens
Ensayo: La envidia es el costo del éxito
Ricardo Lagos: Mapa de la extrema riqueza, del mismísmo.
Ensayo: Crecer con igualdad: la batalla inganable que nunca dí
Joaquín Lavín: Memorias de una geisha, Anita Alvarado y Camino, mons. Escrivá
Ensayo: Dios escribe en reglones torcidos
Alejandro Navarro: Perico trepa por Chile, Marcela Paz y Mampato y Ogú: la rebelión de los mutantes, Themo Lobos
Ensayo: Infanitilismo revolucionario, la salida a nuestros males
Carlos Larraín: El roto, de Edwards Bello
Ensayo: ¿Si me lo leo entero no tendré que ir nunca a una pobla?
Camilo Escalona: Gargantúa y pantagruel, Rabelais y La Biblia, varios autores
Ensayo: La vida es hoy y no hay por dónde perderse
Andrés Velasco: Economía y negocios, El Mercurio
Ensayo: A un click de la sabiduría
Guido Girardi, Viaje al señor del poder, Osho y El padrino, Puzzo
Ensayo: intersecciones entre el budismo y la cosa nostra para el Chile de hoy
Adolfo Zaldívar: El arte de la guerra, Sun Tzu
Ensayo: Ese chino, niño de pecho
Jorge Schaulsohn: Las partidas de Alfonso el Sabio, Los pactos de los sabios del Sión y selección de columnas de Sergio Melnick
Ensayo: Cómo ser judío y aceptado en una elite católica
Jorge Teillier: El capital, Marx
Ensayo: Actualizar levitas y peniques: una renovación necesaria
jueves, 19 de marzo de 2009
Episcolario: el blog como sucedáneo de gastar plata en trago
Estos últimos días he pensado en crear un grupo de Facebook llamado “Josef Fritzl es inocente”. Sería mi último acto de protesta surrealista antes de retirarme de ese hijo bastardo del ágora griega y Big Brother que es Facebook. Aparte, me interesa saber cuántos depravados están dispuestos a dar la cara y confirmar mis sospechas más oscuras acerca de los usos que algunos le dan a esa bendita red social. El costo a pagar es que de ahora en adelante, cuando algún degenerado busque en Google a Fritzl y coloque la palabra “inocente”, va a aparecer este post y nos van a sindicar como apologistas de todo tipo de aberraciones sexuales y comportamientos inicuos. Para cubrirme la espalda, procedo a dejar esta advertencia cual leyenda majadera del Ministerio de Salud en las cajetillas de cigarro: “Lo de Fritzl fue una broma y sólo lo escribí porque me pareció una buena forma de abrir el post y generar interés de forma sensacionalista y barata, una de mis mejores armas. Para todos los lectores futuros, casuales o accidentales que se topen con este blog y en particular este post, vayan mis disculpas, en especial si han sido víctimas de tales vejámenes. Soy una persona con valores firmes y arraigados. Hasta apoyé la creación del feriado evangélico y aunque no lo hice por motivos religiosos (pese a que los feriados me parecen divinos) de todas formas me plegué como ateo solidario a la moción de darle su día de asueto a otra iglesia más (porque, como no hay suficientes iglesias y congregaciones en Chilistán, nuestras autoridades sabiamente tomaron nota de dónde les apretaba el zapato y decidieron dar reconocimiento testimonial a otra de esas instituciones que no pagan impuestos)”.
Veo que eres un volcán de creatividad y todo lo que tienes que comunicarle al mundo no cabe en un sólo blog. Saludo por ello la creación de tu nuevo foro y hasta me auto invité como comentarista. El hecho que nadie nos lea produce curiosamente un efecto contrario a la frustración y el deseo de tirar la esponja. Tal vez si alguien nos pescara dejaríamos de escribir del todo.
Hace un tiempo yo también fui poseído por ese deseo de abrirle mi diario de vida al mundo y compartir hasta mis impresiones sobre mi última visita al supermercado. Fue una época en que leía febrilmente novelas de vaqueros y decidí crear un blog en honor a tan venerable género literario. Entrevisté a escritores, comenté libros, contacté a editores y después de unos meses me aburrí y lo abandoné. El blog se llamaba “Saddlebums” y todavía flota en el ciberespacio cual coliforme enviado a la estratósfera o el cadáver de Alien luego que lo trituran con el motor de la nave espacial en no sé cuál parte de la saga (nunca he podido ver una de esas películas entera).
De todas formas, rescato estos blogs con audiencias limitadas porque te permiten mantener conversaciones con tus amigos sin que el alcohol se entrometa y baje el nivel del diálogo ni lo reduzca a monosílabos y gruñidos como los de la película “La Guerra del Fuego”, donde lo que pudo ser una buena discusión termina con nosotros dos meando una muralla y estrellando botellas vacías contra un poste del alumbrado público (al menos así es como me han contado que acaban estas cosas en el mundo real y fuera de la seguridad de la blogósfera). En definitiva, un blog es como un diario de vida pero sin la tapa de Hello Kitty ni la necesidad de perfumar las páginas o ponerles un candado de aluminio que alguien puede romper para luego exponer tus pensamientos al escarnio público. Aquí el escarnio es voluntario.
Los blogs masivos y en general los que funcionan al alero de grandes medios adolecen de la libertad para tratar cualquier tema. Más aún, muchos de los “blogs” no son más que reproducciones de las columnas que sus vetustos autores ya publicaron en el diario hace unos días. La única diferencia es que les cuelgan una hilera de comentarios por parte de la “ciudadanía”, en general anónimos que escriben con mayúsculas y gente con aún más tiempo libre que nosotros. El “diálogo” que se genera es el equivalente al libro de reclamos de una repartición pública y las frases que encuentras en el baño del Bahamondes. Las páginas de cartas, por elitistas y sesgadas que puedan ser, al menos tienen el filtro de un tipo que ataja a los más desequilibrados. El problema es que también quedan fuera comentarios más interesantes y se fomentan debates absurdos como el de un cura clasista acusando de clasistas a los alumnos de universidades privadas (la famosa discusión sobre los establecimientos “cota mil”) o cuestionamientos pechoños a Darwin.
Hoy vi un artículo sobre cómo los franceses han comenzado a leer en masa una novela del siglo 17 (La Princesse de Cleves) famosamente detestada por Sarkozy como forma de protesta contra su gobierno. Creo que es el colmo de la sofisticación (y mamonería) pero no me molestaría ver en Chilistán muestras de molestia más sofisticadas que un pico dibujado en un baño. Por ahora, los blogs son todo lo que tenemos.
-GB.
miércoles, 18 de marzo de 2009
blogosfera en acción
Atención a quien tenga maquievélicos proyectos, que el tipo es un complotador de primera.
Sirvansén, por favor:
Hubo un tiempo... en la blogosfera
martes, 17 de marzo de 2009
Episcolario: ecúmene treintón
Tienes razón, toda esta voluptuosidad verbal tiene su origen en el hábito vicioso de quitarle el bulto al trabajo. Mi consuelo es pensar que en otros tiempos hacía lo mismo (hablar huevadas), pero de manera presencial, con tantas cervezas y piscolas que a ese ritmo me esperaba una vida social en AA (acrónimo de alcohólicos anónimos y no de andrés almeida). Por suerte mis amigos maduraron (no fue mi culpa), se pusieron a trabajar y ya no fue posible sostener tardes enteras y regadas de cháchara inconducente y campeonatos eternos de pin pon. Hoy ese idilio ya no es posible, pero internet ofrece su sucedáneo.
Felicito tu título "Chilistán en línea" al que agregué el paréntesis de "blogosfera", pues subraya un fenómeno que podría ser interesante y fértil si obviamos que responde a una crisis generacional: la cantidad de treintones dispuestos a dejar por escrito, leer y comentar inanidades. Hasta creo que podríamos fundar una generación, con legado y todo: aquellos zopilotes que fueron niños en dictadura, se les cayó el muro de Berlín en la cabeza cuando debían rebelarse de adolescentes y fueron jóvenes en la "democracia de los acuerdos". Deberíamos organizarnos y plantear a la ACNUR que somos una especie de especie límbica entre los siglos XX (eso de escribir...) y XXI (... y hacerlo por internet), que merece la calidad de refugiados de la ONU, tal y como algunos pueblos enteros que van tras los cascos azules porque su país no existe, o peor, ha cambiado de nombre y fronteras tantas veces que ya no se entiende nada. Si no, no me explico por qué tanta nimiedad. Como política humanitaria deberían arrebatarle un territorio a un estado fallido y dejarnos ahí para que podamos sentarnos a pensar cómo seguir adelante.
Me gusta esto de ampliar esta modesta tribuna a otros contertulios. A diferencia tuya, la competencia de largo de pendejos, en su rama femenina, estuvo lejos de causarme asco; más bien un morbo extraño. De todos modos, la narración de Tato me confirmó que el ecúmene periodístico de Chilistán se ha formado en un rigor similar, que traspasa las fronteras de nuestra pontificia universidad. Respecto a Pastelero, nada qué decir que no haya dicho en sucesivos comentarios, salvo ratificar que sus haikús periodístico ciertamente me han motivado a seguir escribiendo, siendo esta una de las razones por las que decidí fundar otro blog, el citizen almeida, que hace honor a mi profesión periodística. También influyó en la decisión el nuevo blog de Tuki. Me dije, si este doctor (c) habla de lo que le sale de culo y no hace su tesis, por qué yo tendría que estar trabajando. Felicito a Tuki, en especial por su relato, que estimo está soberbio. Eso sí, como descargo, le dejé a este mono un comentario y aún no se digna a publicar. Esto último me recuerda a alguien, que frente a la avalancha de palabrería inútil, debe tener hundido el cuello más abajo de las clavículas por no atreverse a escribir, algo que de seguro tiene ganas, pero no se atreve quizá por qué fobia propia de empleado público. Chachachachán, sí, hablamos de Memo.
Estamos al habla y a la espera de más episcolarios, que ya agrandamos la mesa.
Salú